IBEROAM. CAF. Adicionalidad: más que financiar proyectos
08.07.2026

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¿Por qué el ahorro institucional no llega naturalmente a financiar infraestructura? Karin Granda, gerente legal de CAF Asset Management (CAF-AM), aborda el papel de la adicionalidad para cerrar esa brecha y explica cómo la innovación financiera, la confianza y el desarrollo de mercados pueden impulsar una inversión más sostenible en América Latina.
América Latina enfrenta un desafío persistente para cerrar sus brechas de infraestructura: aunque existe un importante volumen de ahorro institucional disponible, ese capital no siempre encuentra el camino para financiar proyectos de largo plazo. La falta de instrumentos adecuados, financiamiento en moneda local, marcos regulatorios y confianza entre los distintos actores limita la capacidad de transformar ese ahorro en inversión productiva.
Para Karin Granda, gerente legal de CAF Asset Management (CAF-AM), la clave para superar esta brecha está en la adicionalidad: un enfoque que va más allá de financiar proyectos y busca crear las condiciones para que los mercados de capitales canalicen inversión privada hacia infraestructura de manera sostenible. Esto implica desarrollar nuevos vehículos de inversión, fortalecer la gobernanza y construir mercados más profundos y resilientes.
"La adicionalidad es la diferencia entre financiar un proyecto y cambiar las condiciones que permiten que ese proyecto exista", afirma.
Cuando hablamos de infraestructura, el concepto de adicionalidad suele usarse mucho. ¿Cómo lo definirías de manera simple, pero técnicamente precisa?
La adicionalidad es la diferencia entre financiar un proyecto y cambiar las condiciones que permiten que ese proyecto exista.
En infraestructura, muchas veces el problema no es solo la falta de capital. El problema es que no están los instrumentos, los plazos, la moneda, la regulación o la confianza para que ese capital llegue. Ahí aparece la adicionalidad: cuando una intervención resuelve una falla que el mercado no estaba pudiendo resolver por sí solo.
En el caso de CAF-AM, eso se expresa en crear financiamiento de largo plazo en moneda local, estructurar vehículos que los inversionistas institucionales puedan entender y aprobar, y abrir espacio para que la infraestructura se convierta en una clase de activo dentro de los mercados locales.
Entonces, ¿por qué es importante distinguir entre una inversión que acompaña al mercado y una que lo transforma?
Porque no todas las inversiones dejan la misma huella. Hay inversiones que aprovechan un mercado que ya funciona: asignan capital, financian un proyecto y se retiran. Eso puede ser positivo, pero no necesariamente genera cambios permanentes.
Otra cosa es invertir cuando el mercado todavía no tiene profundidad, cuando los inversionistas no conocen bien el activo o cuando no existen instrumentos adecuados. Ahí el rol es distinto. CAF-AM apunta a ese espacio: no solo financiar proyectos, sino crear condiciones para que el ahorro institucional pueda financiar infraestructura de manera recurrente.
¿Cómo se identifica esa adicionalidad en la práctica?
Una forma sencilla de mirarlo es preguntarse: ¿esto habría ocurrido igual sin CAF-AM? Si la respuesta es no, probablemente hay adicionalidad.
Eso ocurre, por ejemplo, cuando se extiende financiamiento de largo plazo en moneda local donde antes no existía; cuando los fondos de pensiones entran por primera vez a infraestructura; o cuando un país empieza a desarrollar una industria de fondos especializados.
También está el efecto catalítico. Si una participación acotada de CAF o CAF-AM moviliza capital privado, hay un efecto multiplicador. Pero no basta con medir dólares movilizados. También hay que mirar si se amplió la base de inversionistas, si se creó confianza y si el mercado quedó mejor preparado para financiar nuevos proyectos.
La desconexión entre ahorro e infraestructura
América Latina tiene ahorro institucional relevante. ¿Por qué ese capital no llega naturalmente a infraestructura?
Porque el ahorro, por sí solo, no financia infraestructura. Necesita un marco legal y una arquitectura que lo conecte con los proyectos.
En la región hay fondos de pensiones, aseguradoras y otros inversionistas con recursos de largo plazo. Pero muchas veces esos recursos están concentrados en instrumentos tradicionales, de bajo riesgo, corta duración o poca diversificación. No porque la infraestructura no sea atractiva, sino porque faltan vehículos adecuados para invertir en ella.
Los inversionistas institucionales necesitan activos que calcen con sus obligaciones futuras: largo plazo, moneda local, riesgos bien estructurados, gobernanza clara y retornos compatibles con sus mandatos. Si eso no existe, el capital no fluye hacia la infraestructura.
¿Cuáles son las principales fricciones que explican esa desconexión?
Hay cuatro fricciones principales. La primera es de plazo. La infraestructura necesita financiamiento largo, pero muchos mercados locales ofrecen instrumentos cortos o medianos. Eso obliga a refinanciar, encarece los proyectos y agrega incertidumbre.
La segunda es de moneda. Los proyectos suelen generar ingresos en moneda local, pero el financiamiento muchas veces está disponible en dólares. Esa diferencia termina trasladando riesgo cambiario, y el costo asociado, al Estado o al privado.
La tercera es de instrumentos. Los inversionistas pueden tener recursos y apetito, pero si no existe un fondo, fideicomiso o vehículo adecuado, no tienen cómo entrar.
Y la cuarta es de confianza. En mercados donde la infraestructura como asset class es nueva, los inversionistas necesitan gobernanza, experiencia, reglas claras y una contraparte creíble. Sin eso, prefieren quedarse en lo conocido.
En ese contexto, ¿qué tan determinante es contar con instrumentos adecuados?
Es determinante. Sin instrumentos adecuados, el ahorro institucional y la infraestructura viven en mundos separados.
Un fondo de pensiones puede tener recursos de largo plazo y, al mismo tiempo, no tener una vía concreta para invertir en infraestructura. Puede necesitar diversificación y no encontrar activos que cumplan con sus reglas internas, sus límites regulatorios o su perfil de riesgo. Por eso el marco legal y los vehículos que se habiliten son indispensables. Son el puente que convierte una necesidad pública —infraestructura— en una oportunidad de inversión institucional.
El rol del gestor especializado
¿Qué diferencia a un gestor que genera adicionalidad de uno que simplemente asigna capital?
La diferencia está en lo que queda después de la inversión.
Un gestor que solo asigna capital participa en una operación. Puede financiar bien y obtener retorno, pero su impacto termina ahí. Un gestor que genera adicionalidad deja capacidades instaladas: crea instrumentos, ayuda a formar mercado, establece estándares, educa inversionistas y abre camino para que otros actores también participen.
CAF-AM no solo busca financiar proyectos. Busca que, después de su entrada, el mercado funcione mejor: que haya más inversionistas mirando infraestructura, vehículos replicables, reguladores con más experiencia y gobiernos capaces de pensar en portafolios APP, no solo en proyectos aislados.
¿Cómo contribuyen estos gestores al desarrollo de los mercados de capitales?
Contribuyen conectando ahorro de largo plazo con inversión productiva de largo plazo.
Los mercados de capitales latinoamericanos suelen tener profundidad limitada para financiar infraestructura. Hay ahorro, pero muchas veces está concentrado en instrumentos tradicionales. Un gestor especializado puede ampliar ese menú, incorporar infraestructura como clase de activo y demostrar que es posible invertir con estructuras profesionales de riesgo, retorno y gobernanza.
Además, introduce estándares, genera información, reduce asimetrías y crea referencias. Cuando eso ocurre, la infraestructura deja de ser una excepción y empieza a formar parte de una estrategia de inversión institucional.
¿Qué innovaciones son necesarias para ampliar la participación de inversionistas institucionales?
Se necesitan innovaciones que hagan invertible o bancable lo que hoy no lo es. En lo instrumental, fondos de infraestructura, vehículos en moneda local, estructuras de deuda de largo plazo y mecanismos que permitan participar con reglas claras.
En lo estructural, regulación que reconozca activos alternativos, supervisión compatible con este tipo de inversiones, estándares de gobernanza y procesos de evaluación robustos. Y también innovación de mercado: formar confianza. Los inversionistas deben entender el activo, los reguladores deben sentirse cómodos con los vehículos y los gobiernos deben contar con pipelines capaces de absorber ese capital.
Impacto y oportunidades
¿Qué efectos concretos tiene la adicionalidad en los mercados financieros locales?
El efecto más concreto es que aparecen mercados y se genera una nueva industria. CAF-AM puede generar financiamiento de largo plazo en moneda local, abrir una nueva clase de activo para fondos de pensiones, diversificar portafolios institucionales y atraer nuevos actores.
Colombia muestra bien ese efecto: la sociedad CAF-AM Ashmore ayudó a movilizar ahorro doméstico hacia infraestructura vial y contribuyó a formar una industria que luego atrajo a gestores internacionales. Uruguay también es relevante: los fondos gestionados por CAF-AM canalizaron ahorro privado hacia APP y apoyaron el despegue de un pipeline robusto de proyectos.
La adicionalidad se mide por la capacidad de dejar un mercado más profundo, sofisticado y resiliente.
¿Cómo se vincula esto con la sostenibilidad de largo plazo de la inversión en infraestructura?
Se vincula directamente. Sin adicionalidad, muchos países pueden financiar proyectos puntuales. Con adicionalidad, pueden construir una industria capaz de financiar infraestructura de manera recurrente.
La sostenibilidad aparece cuando se forma un círculo virtuoso: hay fondos especializados, los inversionistas ganan experiencia, los gobiernos estructuran más proyectos, el pipeline crece y se crean nuevos fondos para financiarlo. Eso cambia la lógica del mercado. Ya no se trata de conseguir financiamiento caso a caso, sino de construir una plataforma estable para canalizar capital privado hacia infraestructura. Mirando hacia adelante, ¿dónde están las mayores oportunidades para CAF-AM?
Están donde hay una brecha clara entre capital disponible e infraestructura financiable.
Hay países con ahorro institucional relevante, pero sin vehículos adecuados. Hay programas APP con potencial, pero sin financiamiento de largo plazo en moneda local. Hay mercados donde los inversionistas necesitan diversificar, pero todavía no cuentan con experiencia suficiente en activos alternativos.
Ahí CAF-AM puede jugar un rol relevante. En Costa Rica, puede abrir la infraestructura como una clase de activo para fondos de pensiones. En Paraguay, puede crear una fuente de crédito de largo plazo en guaraníes. En Perú, puede ayudar a cubrir la ausencia de financiamiento de largo plazo en soles y contribuir a reactivar el mercado de capitales para infraestructura.
La oportunidad está en construir mercados que puedan sostener ese financiamiento en el tiempo.
Fuente: www.caf.com/es

